El dÃa de la inauguración, la sala comunitaria estaba llena. HabÃa té caliente, mesas con libros donados, y un rincón de manualidades para niños. La mesa de inscripción tenÃa un cartel que decÃa "Yo Puedo" en letras recortadas. Clara subió al frente, con las manos aún temblando de nervios y emoción, y contó la historia de los 348 trabajos: cómo una idea fraccionada en tareas pequeñas habÃa unido a un barrio entero.